Marsans: se desmorona un imperio turístico español.Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual han pasado en cuatro años del cielo al infierno empresarial.
Es el tiempo que va desde la venta de su empresa de cruceros Pullmantur al gigante Royal Caribbean por 430 millones de euros a la otra desinversión, esta vez ruinosa, de las compañías que formaban el núcleo básico de su imperio, Viajes Marsans y las sociedad vinculadas a Teinver, a un inversor especializado en quiebras y reestructuraciones. Antes, los empresarios habían llevado Air Comet al concurso de acreedores y habían visto cómo el Ministerio de Economía les cerraba Seguros Mercurio por insolvencia. La primera operación, que fue todo un récord en el sector turístico, llenó los bolsillo de Pascual y Díaz Ferrán. Se hicieron con unas plusvalías superiores a los 378 millones. ¿Qué ha pasado para que esa fortuna se haya esfumado en apenas cuatro años? Operaciones de inversión fallidas, arriesgados planes de crecimiento y una crisis que ha golpeado con dureza al sector turístico explican lo imposible. La compra ha sido una ruina total. Al precio de ayer en bolsa, 1,6 euros por título, su participación (ahora es del 3,5%, tras vender una parte) está valorada en apenas 9 millones. Además, se embarcaron en un ambicioso proyecto para convertir la aerolínea Air Comet en una alternativa a Iberia en los vuelos hacia América Latina. El plan incluía un macropedido multimillonario a Airbus para comprar hasta 61 aviones, incluyendo el superjumbo A380, por valor de 6.000 millones de dólares.
En lugar de replegarse, los empresarios apostaron por una huida hacia adelante y comenzaron a inyectar masivas cantidades de dinero de la caja de Viajes Marsans, la joya del grupo, en Air Comet y otras compañías que también atravesaban problemas, como la compañía de handling (servicios aeroportuarios) Newco. A la vuelta del verano de 2009 y viendo que no podían seguir manteniendo financieramente la línea aérea, trataron de venderla al empresario de origen holandés Arnold Leonora. La operación la frustró en el último momento un juez británico que ordenó el embargo de los aviones de Air Comet a petición del banco alemán Nord Bank, propietario de los aparatos. Air Comet entró en concurso de acreedores en abril con una deuda de 310 millones de euros. La herida de Marsans Además, la empresa ha concedido avales por valor de 183 millones a sus sociedades hermanas, lo que le ha llevado, por ejemplo, a recibir desde principios de año continuas reclamaciones de deudores de Air Comet. Es decir, Viajes Marsans se enfrenta a unas pérdidas potenciales de 400 millones que han provocado un socavón en su balance. Pero lo peor es que el dinero invertido en esas empresas dejó la tesorería de Marsans prácticamente seca. El auditor de la compañía PricewaterhouseCoopers (PwC) ya advertía en su último informe, firmado en noviembre y en el que denegó su opinión, que el futuro de la agencia estaba en entredicho por el impacto en sus cuentas de las crisis de sus empresas hermanas. En tiempos de bonanza, una agencia de viajes es una maquina de generar tesorería. Los clientes le pagan al instante (un 30% cuando se reserva un paquete turístico y el resto unos días antes de viajar) y salda sus deudas con los proveedores, como los hoteles, con varios meses de retraso. La confianza es la clave. En el momento en que se resquebraja, como le empezó a ocurrir a Marsans a raíz del colapso de Air Comet y de conocerse la auditoría de PwC, la caja se resiente. Los clientes no llegan y los proveedores exigen pagar en el momento de cerrarse el viajar por temor a que la empresa no tenga fondos en el futuro. A la vista de la difícil situación, los empresarios empezaron a buscar compradores para Marsans y otros activos del grupo. La medida provocó una desbandada generalizada de clientes –en una semana perdió las cuentas de todas las grandes empresas que gestionaba– y una cascada de peticiones de concurso de acreedores (se han presentado hasta ocho en los juzgados de Madrid). Pascual y Díaz Ferrán se pusieron en manos de un grupo de expertos especializados en reestructurar empresas, entre los que figuran Ángel de Cabo, el nuevo dueño, y vinculados con la firma de abogados Aszendia. Finalmente, y ante la inminencia de quedar atrapados en el concurso, los empresarios se han desprendido de sus activos.
|
|||||||||||
| |||||||||||