San Miguel de Allende, el arte de vivir. Mexico.En la ruta de la plata en Guanajuato, este pueblo mexicano atrae por su pasado colonial, el barroco de su arquitectura y sus fiestas populares.
Durante muchos años, hasta que en 2008 fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por su arquitectura tan representativa del barroco mexicano, San Miguel de Allende era conocido como uno de los "pueblos mágicos" del país. Hay quien dice que esa magia viene del paisaje: el pueblo está situado en "el bajío", la meseta mexicana, a casi dos mil metros de altura, con fuentes termales en los alrededores y un clima saludable. Refugio de bohemios En 1951 se fundó el Instituto Allende, que atrajo a jóvenes estadounidenses interesados en las artes, la cultura mexicana o el idioma español. En la década de 1960 llegaron figuras de la "contracultura" como Ken Kesey, Jack Kerouac y Tom Wolfe. Las viejas mansiones del siglo XVIII -a precio de remate- tentaron a muchos jubilados estadounidenses, que eligieron vivir en este pueblo. Pero lo que más abunda en San Miguel de Allende son las fiestas populares, religiosas o profanas. En julio se hace el Festival Internacional de Expresión en Corto, dedicado a los cortometrajes. Perros milagrosos La leyenda dice que dos perros fundaron San Miguel de Allende en 1542, o casi: eran los perros preferidos de un monje franciscano, Juan de San Miguel, el hombre que construyó una pequeña misión católica a cinco km de donde hoy está el pueblo. Un día, los perros encontraron más al sur una fuente termal -El Chorro-, que resultó el sitio elegido para asentar la misión del monje que dio origen al pueblo. En esa época era el puesto más avanzado del Antiguo Camino Real. Los españoles enfrentaron hasta 1555 a los guerreros otomíes y chichimecas, luego aseguraron la zona con un fuerte para controlar la "ruta de la plata" que iba desde la capital de México hacia el norte, a Zacatecas. Hacendados españoles y ricos dueños de minas de plata de Guanajuato se asentaron en San Miguel, construyeron imponentes mansiones e iglesias barrocas. Fantasmas de lo nuevo Con la crisis de la minería de plata, San Miguel de Allende hacia finales del siglo XIX era prácticamente un "pueblo fantasma". Por eso se conservó su imponente arquitectura del siglo XVIII, con edificios como el de la parroquia de San Miguel Arcángel, el templo de las monjas de la Inmaculada Concepción, la Casa del Mayorazgo de la Canal, el oratorio de San Felipe Neri, la mansión del conde Manuel de la Canal -donde funciona el Instituto Allende- o el templo de San Francisco. En 1926 el gobierno mexicano declaró "monumento nacional" a San Miguel de Allende. Desde entonces, florecieron los ateliers y galerías de arte. En el monasterio de La Concepción funciona el Centro Cultural Ignacio Ramírez -más conocido como El Nigromante- donde se puede ver un notable mural de Siqueiros, pintado en 1948. Siempre es temporada Cualquier época del año es buena para pasar unos días en San Miguel de Allende, ubicado a 274 kilómetros del Distrito Federal de México. Desde el año 2000 el gobierno inició un plan de restauración, para conservar las calles empedradas, los templos y las mansiones pintadas de color ocre o naranja. Abundan los restaurantes elegantes donde los turistas pueden comer a la luz de las velas, no faltan bares que se transforman en discotecas, ni las excursiones a caballo por las sierras, o los centros de aguas termales. San Miguel tiene innumerables negocios de artesanías, no aptos para bolsillos flacos. También es cierto que aquí todavía se siente la presencia del México más tradicional, casi ancestral. Porque San Miguel no es Cancún ni Acapulco. Todo es más lento, con los colores del jacarandá, los cactos y orquídeas. Aún se puede ver el espectáculo del sol ocultándose tras los campanarios de las iglesias. Y un paisaje de montañas e hileras de casas pintadas en tonos pastel, perdiéndose en la meseta mexicana. Fuente: Imagen:
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