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La biodiversidad tan deseada. Patagonia Argentina.

En Santa Cruz, Puerto Deseado y su curiosa ría redondean un destino con mucho para ver, ideal para amantes de la naturaleza.


La biodiversidad tan deseada. Patagonia Argentina.

 
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La gran ecoaldea, Navarro. Buenos Aires, Argentina.La gran ecoaldea, Navarro. Buenos Aires, Argentina.
PUERTO DESEADO (Santa Cruz).- Los pingüinos penacho amarillo llegaron hace un mes a este puerto soñado. Ubicaron sus nidos y entre enero y febrero los pichones poblarán las costas de la colonia Isla Pingüino y los islotes adyacentes a la bahía Oso Marino.
 
Como el pingüino de Magallanes y el pingüino de penacho amarillo, son muchas las especies que nidifican en la exótica Isla Pingüino. Cuenta con un faro y restos de una factoría, y para llegar hasta allí hay que navegar 11 millas desde Puerto Deseado hacia mar abierto en gomones semirrígidos. "No es sólo para intrépidos. Todo el mundo, desde niños hasta jubilados, puede hacer esta excursión", explica uno de los voceros de Darwin Expeditions, una de las tres empresas que realizan estos paseos náuticos en la mágica ría del Deseado.
 
Una vez en la colonia se podrá observar los nidos -pequeñas oquedades en el suelo o bien en las rocas, recubiertas por pastos y guano- y el cuidado compartido que machos y hembras hacen de los dos huevos que suelen poner allí. Esta excursión se extiende por siete horas y también incluye el avistamiento de lobos marinos de un pelo y ocasionalmente de elefantes marinos y toninas overas.
 
Pero además de las excursiones en busca de los elegantes pingüinos, Puerto Deseado esconde en cada esquina historias de navegantes, de ferrocarriles y huelgas obreras, recostado sobre el extenso litoral marítimo que alberga una alta biodiversidad de especies.

A los botes
 
Navegar la ría en botes semirrígidos, remontar los miradores de Darwin, perderse en los acantilados en las afueras de la ciudad, incursionar en el misterioso faro de Cabo Blanco para luego terminar el día degustando la gastronomía local a base de mariscos son algunas de las opciones en el menú de este destino.
 
La ría Deseado, de 42 kilómetros, es el único río sudamericano cuyo cauce se secó y fue ocupado por el mar. En su extremo oeste desemboca el río Deseado, que permanece seco gran parte del año. La influencia de las corrientes, sus profundidades de hasta 30 metros y otros fenómenos confieren a las aguas de la ría tonos verde esmeralda, azul y turquesa. Sobre ellas se encuentran los barcos pesqueros -principal fuente de recursos económicos de la localidad-, la primera postal que saluda a los visitantes que llegan conduciendo la recta interminable de la ruta 281.
 
La ría presenta numerosas islas e islotes pequeños, y a lo largo de su recorrido aparecen playas de canto rodado patagónico, acantilados y, dos veces al día, el mar entra y sale siguiendo el régimen de mareas.
 
Pero quizás el corazón de Puerto Deseado, a quien el aventurero Thomas Cavendish bautizó Desire en 1586, late en el edificio de la estación de Puerto Deseado, hoy reconvertido en un museo para preservar la historia de la mano de la Asociación Ferroviaria 20 de Septiembre.
 
En 1909, la historia de la pequeña colonia pastoril cambiaría radicalmente con la construcción del ferrocarril que prometía convertirse en el gran convoy de la Patagonia. El proyecto quería unir los 1200 km que separan la lejana Puerto Deseado, Santa Cruz, con el lago Nahuel Huapi, Río Negro, atravesando mesetas y valles andinos. El sueño sólo alcanzó 283 km, hasta Las Heras, sin embargo el tramo fue clave para el crecimiento de Puerto Deseado, Jaramillo, Pico Truncado y Las Heras.
 
Desde el agua hasta los alimentos y el transporte de pasajeros y mercancías pasaban por los 283 km de rieles. Y también la historia de las huelgas obreras. En la estación Teheulches y Jaramillo fusilaron al líder obrero José Font, conocido como Facón Grande.
 
Cada verano llegan familias completas o viajeros solitarios interesados en conocer la historia de los primeros navegantes, las huelgas obreras del 21 y el ferrocarril. Así, en 2003, luego de la clausura y el olvido, se logró recuperar la estación con la premisa de respetar el espíritu arquitectónico original de piedras volcánicas.
 
Estas rocas del jurásico, resultado de la gran actividad volcánica de la región en el pasado, han sido modeladas por el hombre y crearon una arquitectura muy particular, en edificios públicos, viviendas, acantilados y en especial en la estación del ferrocarril donde resalta su sólida estructura de gran belleza y fina precisión.
 
Cenas y alojamiento
 
La cocina patagónica, especialmente la costera, tiene a los mariscos como materia principal de su gastronomía. Así en Puerto Deseado se pueden encontrar platos a base de langostinos, mejillones, calamares y pulpos, y una exquisita variedad de peces como la merluza negra, el abadejo y el pejerrey.
 
La actividad pesquera que se realiza en esta ciudad permite a los prestadores de servicios gastronómicos acceder al fruto de mar con mejor textura, así como color y sabor, siendo típico el cocinarlos al vapor con especias y aderezados con ajo, perejil y limón.
 
Y como en el resto de la Patagonia, el cordero es realmente un manjar, tanto a la cruz como al palo, rociado por un buen chimichurri y acompañado por un Malbec clásico.
 
Para el descanso, Puerto Deseado ofrece mas de 400 plazas hoteleras desde hoteles tres estrellas hasta cabañas y apart. Las tarifas en base doble parten desde los 180 pesos y llegan hasta los 460. Los más aventureros pueden optar por dos campings locales.
 
FARO CABO BLANCO
 
A 90 kilómetros de Puerto Deseado, por un camino de ripio en buen estado aunque solitario, se llega a la Reserva Natural Cabo Blanco.
 
Luego de realizar casi todo el camino por la meseta uniforme, de pronto se recorta contra el horizonte la enhiesta figura de un gigantesco faro de ladrillos rojos, en la cima de una mole rocosa que cae al mar.
 
El istmo de acceso al cabo da lugar a dos caletas. Una forma una excelente playa de arena mezclada en algunos sectores con pedregullo fino.
 
Entre los peñascos que forman el sector sudeste del cabo se encuentran excelentes miradores, pero el punto mayor es el morro nordeste al que se asciende por una larga escalinata de cemento que conduce al pie del faro y la casa del farero.
 
Desde allí se abre a los pies del visitante el magnífico espectáculo del océano Atlántico en todo su esplendor.
 
El faro entró en funcionamiento en 1917. Para su construcción se utilizaron 110.000 ladrillos de máquina y 40.000 kilos de cemento portland. El espesor de sus muros es de 1,40 metros en la base y 0,30 en la parte superior. El diámetro de la torre es de 7 metros.
 
Frente al faro de Cabo Blanco emerge un conjunto de escarpados islotes rocosos donde se congrega una de las poblaciones supervivientes en la Argentina del lobo marino de dos pelos u oso marino austral. Este animal fue cazado implacablemente durante los siglos XVIII y XIX por el alto valor de su piel, y aunque se encuentra protegido desde 1937, la recuperación es lenta.


Fuente: 
Diario La Nación
www.lanacion.com.ar 

Imagen:
www.wikipedia.org 

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