Entre murales y las aguas del Paraná. Corrientes, Argentina.La ciudad de Corrientes, uno de los grandes núcleos urbanos del Litoral, reúne construcciones coloniales con logradas expresiones artísticas en plena calle.
La plaza 25 de Mayo es el corazón de la ciudad de Corrientes , punto de partida ideal para explorarla. En su centro se destaca la escultura ecuestre del General San Martín, esculpida en bronce por Torcuato Tasso, en 1905. Tipas, lapachos, palmeras, helechos que cuelgan de los árboles, flores y fuentes de agua son los condimentos que hacen de este pulmón un sitio único.
A su alrededor, el casco histórico despliega sus encantos. La escuela Sarmiento, construida en 1895 con estilo monumentalista, es una de las más antiguas del país. Frente a la plaza principal, en una casona colonial de ladrillos de adobe –de 1806– se levanta el Museo de Artesanías. Allí se exponen artículos de barro cocido, plata, cuero y madera, y se ve cómo trabajan los artesanos. En el extremo opuesto de la plaza aguarda la Iglesia de la Merced, levantada en 1728. Refaccionada en 1856, recién en 1900 adquirió su aspecto de basílica. Llaman la atención sus confesionarios, labrados en madera de cedro, los portones con tallas del Sagrado Corazón y su santuario.
En 25 de Mayo y Salta, la Casa de Gobierno luce su porte renacentista. En la fachada, la belleza de su arquitectura, el gran escudo y el reloj convierten este edificio en el más llamativo del casco histórico. A dos cuadras, por la calle San Juan, se alinean el Museo de Bellas Artes, el Teatro Oficial Juan de Vera y el Museo de Ciencias Naturales Amado Bonpland. El primero funciona en una antigua casona cuyo interior atesora obras de arte, piezas antiguas y una colección permanente dedicada a mitologías y leyendas guaraníes. Las líneas eclécticas del teatro, de 1913, conservan rasgos típicos de la belle epoque . Se destacan su sala con forma de herradura, revestida en mayólica; su cúpula, capaz de deslizarse sobre rieles para brindar funciones a cielo abierto; y el mural del techo. En tanto, el Museo Bonpland cuenta con ocho salas dedicadas a las ciencias naturales y la arqueología. Un panal de avispas de casi un metro cuadrado es uno de los mayores atractivos del museo. A dos cuadras de allí comienza la peatonal Junín, que se presta para hacer un alto en alguno de sus numerosos bares. Luego se puede seguir la visita por la Iglesia San Francisco, en Córdoba al 400. Su interior resguarda un interesante museo de imágenes sacras. Atrás se halla el convento, de 1638, que conserva en excelente estado los muros, dinteles y aberturas. Por Yrigoyen, a dos cuadras de la peatonal, se yergue la Catedral de Corrientes, con sus cúpulas revestidas con mayólicas importadas de Francia y el atrio con el mausoleo del ex gobernador Genaro Berón de Astrada. Es tiempo de ver el circuito de murales de la ciudad, compuesto por 32 obras, de las que se destaca “De la Correntinidad” –el más imponente– creado en 1995 a un costado del puente General Belgrano, que une las provincias de Chaco y Corrientes, y es uno de los mayores de América Latina. El tour urbano puede terminar en la costanera General San Martín, bañada por las aguas del Paraná. Las siete puntas rocosas de la orilla dieron nombre a la ciudad, por las intensas corrientes que se forman a su alrededor. La rambla está bordeada, a un lado, por el río, y al otro, por una frondosa y perfumada arboleda.
Un buen plan es disfrutar de unos mates con chipá sobre los bancos rodeados por canteros floridos para avistar la actividad del puerto, los veleros del Club de Vela y la enorme silueta del puente. También otros sabores exquisitos de la gastronomía local se descubren en la costanera: pescados de río grillados –surubí, dorado o pacú–, asado a la estaca y camarones cultivados en agua dulce. De postre, tanto el mamón como el andaí –especie de calabaza dulce–, son delicias únicas de la bella Corrientes.
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