Historias de piratas, viento y mar. Santa Cruz, Patagonia Argentina.Entre playas solitarias y acantilados, Puerto San Julián recuerda las aventuras de Drake y las expediciones de Darwin. Los museos y los paseos en lancha.
Mientras atardece sobre la coqueta costanera de Puerto San Julián y la luz va suavizando los perfiles de las casas, uno se pregunta cómo este lugar de pájaros, viento y mar de Santa Cruz pudo ser considerado uno de los más hostiles y lejanos del planeta. La ciudad combina historia y naturaleza en dosis exactas. Los europeos pisaron aquí por primera vez la región a la que llamaron Patagonia. Pero, más allá de la larga historia que incluye una rebelión de los marineros de Hernando de Magallanes, la estadía del pirata Drake y las expediciones científicas de Darwin, vale la pena atravesar la estepa para llegar a estas costas de playas y acantilados poblados por aves, pingüinos, toninas y otras especies patagónicas. Tampoco hay que perderse la visita al Museo Temático Nao Victoria, montado dentro de una impresionante réplica en tamaño real de la nave en la que llegó Magallanes hace 500 años. “Anduvimos dos meses sin ver a nadie. Un día, de improviso, vimos un hombre de estatura de gigante, que estaba en la orilla casi desnudo, cantando y echándose polvo en la cabeza. Era tan alto que apenas le llegábamos a la cintura”, describe Antonio Pigafetta, cronista de la expedición de Magallanes, el primer encuentro de los europeos con el pueblo tehuelche o aonikenk en la bahía de San Julián. El hito marcó para siempre la historia del sur del continente. Los exploradores hablaban de una tierra de gigantes tan fuertes, que podían resistir temperaturas extremas y recorrer larguísimas distancias. Magallanes los bautizó “patagones” y originó el nombre de la región. El recuerdo de la legendaria expedición de Magallanes que encontró el paso hacia el océano Pacífico, toma forma en la costanera, donde un gigantesco navío de madera es lo primero que llama la atención. Se trata de la réplica de la Nao Victoria, la primera que –comandada por Magallanes– completó la vuelta al mundo y ancló en la bahía en 1520. En la atmósfera penumbrosa de la bodega suena la rebelión contra Magallanes que tuvo lugar en estas frías tierras y la dura condena a los amotinados: uno de ellos fue decapitado y otros dos fueron dejados en la inhóspita isla Justicia, frente a las costas por entonces desiertas de San Julián. La isla fue elegida 58 años más tarde por el legendario pirata Francis Drake para ajusticiar a un tripulante rebelde. La historia marca cada paso de la visita a la ciudad: a pocos metros de la nave, la plazoleta Héroes de Malvinas recuerda a los soldados muertos en la guerra de 1982. El avión Mirage Dagger que cumplió la primera misión sobre el archipiélago parece levantar vuelo sobre un montículo de piedras grises. También sobre la costanera, un crucifijo recuerda que en este lugar se ofició la primera misa en territorio argentino, en la expedición de Magallanes. Los restos arqueológicos Puerto San Julián está rodeado por los 30 km de playas solitarias del Circuito Costero. A la variedad de aves, caracoles y animales marinos se agregan los acantilados, que revelan a cielo abierto los distintos períodos de la historia de la tierra. En Punta Cuevas, por ejemplo, se pueden observar bancos de ostras fosilizadas de cuando la Patagonia aún estaba cubierta por el mar. La estratificación del terreno llamó la atención de Charles Darwin, que llegó a estas costas a bordo del buque Beagle en 1834 y encontró “formidables revoluciones geológicas”. El creador de la Teoría de la Evolución de las Especies descubrió aquí un esqueleto de macrauquenia, antepasado del guanaco extinguido hace 10 mil años. El Parque Temático Via Lucis recrea las 14 estaciones que llevaron a Cristo hacia la resurrección, mientras se trepa el Cerro Montecristo, con una impactante vista de la ciudad y las playas. Para explorar los islotes y bancos de arena que rodean la costa, se puede contratar en el puerto un paseo en lancha de dos horas. La excursión surca la bahía hasta alcanzar la isla Justicia, poblada por gaviotines, cormoranes, skuáes, petreles y otras aves. En la isla Cormorán se observan de cerca los pingüinos de Magallanes que anidan desde septiembre hasta abril. Si uno tiene suerte, las toninas –conocidas como “delfines del fin del mundo”– escoltarán el viaje con sus saltos. Al sur de la ciudad, la naturaleza depara otra curiosidad: el Gran Bajo de San Julián, una de las depresiones más profundas de la tierra, que alcanza 107 metros bajo el nivel del mar en Laguna del Carbón. Nuestro recorrido vuelve a la ciudad trazada en perfecta cuadrícula, con casas bajas y la costanera, que se abre sobre los islotes y los bancos de arena en los que se pone el sol. El viento aún cuenta historias de conquistadores y piratas. Fuente:
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