R. DominicanaExquisitos sabores, colores intensos, los ritmos del Caribe y gente cálida se conjugan en un paseo por Santo Domingo.
Los días que pasé en Santo Domingo –en República Dominicana– vuelven constantemente a mi memoria. Su gente, las comidas, bebidas, licores y, sobre todo, la música son marcas imborrables. Mientras tomaba un café en la terraza del hotel, en medio del ritmo del reggaeton y merengue compré piezas de bijouterie a unos vendedores, que me invitaron a recorrer kioscos , donde se junta la gente del pueblo con los turistas, para empezar la parranda desde temprano, al atardecer. Al día siguiente, visité la Plaza España, la Catedral Primada de América y el Paseo de las Damas, muy transitado en la época colonial. Presencié el desfile cívico-militar en honor a Juan Pablo Duarte –“Primer Padre de la Patria”– y conocí las Cuevas de los Tres Ojos, cuyas lagunas subterráneas –con estalagmitas y estalactitas– recorrí en una barca.
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