Los tesoros que guarda Morelia. Mexico.La patria chica del prócer Morelos abunda en palacios del barroco mexicano. Paseos con historia y cocina tradicional.
Entre volcanes, la ciudad de Morelia, capital del estado mexicano de Michoacán, es una tierra de suelos fértiles, de lagos y mariposas de colores imponentes, de tesoros arquitectónicos propios del barroco mexicano, y es también una región de artesanos talentosos que trabajan –como desde hace siglos– el metal y los telares. Cuna de la independencia mexicana, esta ciudad tiene un destacado centro histórico –lleno de palacios barrocos y conventos e iglesias del siglo XVIII– que en 1991 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Por aquí, en Angangueo –un pueblito a tres horas de auto desde Morelia– está el acceso al Santuario de la Mariposa Monarca, una reserva natural adonde todos los años, en octubre y noviembre, llegan millones de mariposas que vuelan cuatro mil kilómetros desde Canadá para invernar. Entre el agua y la piedra rosa Antonio de Mendoza, el primer virrey de México, fundó Morelia en 1541 con el nombre de Valladolid. Las familias aristocráticas se asentaron aquí, junto a los colegios y seminarios de las órdenes religiosas que se enriquecían con la minería de plata. Todos juntos le dieron esos palacios y ese tono español a la ciudad, hasta que en 1828 –en homenaje a José María Morelos, su hijo más famoso– cambió su nombre por el actual. Entre las calles adoquinadas, hay que hacerse tiempo para visitar las casas barrocas y neoclásicas de algunos millonarios del siglo XVIII –como Michelena, Anzorena, García Obeso y el Conde de Sierra Gorda– ahora restauradas como oficinas del gobierno. Además de la casa natal del patriota Morelos, vale detenerse en los templos de la Merced y de los Agustinos, el viejo convento del Carmen –es la Casa de la Cultura– y el suntuoso Palacio Clavijero, que fue un antiguo colegio jesuítico y ahora tiene su propio mercado de artesanías.
Con tantos conventos, ésta es también la ciudad de las historias de amor. “Leyendas de Morelia” es un tour que sale del Hotel de la Soledad –frecuentado por los mieleros– y recorre el centro histórico entre romances y canciones. Para los que están dispuestos a probarse en la cocina tradicional, a base de maíz, frijoles, cacao, carnes y vinos, vale saber que hay 380 especies de ajíes. La “sopa tarasca”, el “pescado blanco” y las “enchiladas poblanas” –con pollo, aguacate y ajíes– son platos típicos. Dicen que a la hora de comprar recuerdos, el mejor sitio es la oficial Casa de las Artesanías, a tres cuadras de la Plaza de Armas. No faltan aquí los broches de plata, vestidos indios, guitarras, maderas laqueadas, imágenes religiosas. Pero acaso un buen recuerdo de Morelia sea beber un café a la tarde, frente a la Catedral.
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