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Lucca, en el corazón de la Toscana. Italia.

La ciudad donde reinó Elisa Bonaparte y nació Puccini es, también, la meca de los historietistas. Los paseos, los sabores y una gran arquitectura.


Lucca, en el corazón de la Toscana. Italia.

 
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Con sus bien conservadas murallas renacentistas y sus calles medievales, Lucca es la patria chica del músico Giacomo Puccini y de los poetas Ungaretti y Carducci, la meca de los historietistas europeos –durante el Lucca Comics & Games que se hace anualmente en octubre– y también la ciudad donde reinó Elisa Bonaparte, hermana de Napoleón. Los colores de Lucca son muy toscanos: rojo por la terracota de sus torres y palacios, blanco por el mármol de las canteras de Carrara que decora sus iglesias, verde por los olivos, las viñas y cipreses que se ven a lo lejos, hacia los Alpes Apuanos.

Dentro de la región toscana, Lucca parece ser uno de sus secretos mejor guardados, como el vino de Montecarlo –un pueblo de los alrededores– o el dulce de castañas y las truchas del río Serchio, que riega las llanuras donde los romanos fundaron la ciudad –dos siglos antes de la era cristiana– sobre un emplazamiento etrusco. Ubicada a 75 kilómetros de Florencia y a 30 de Pisa, Lucca revela sus atractivos poco a poco, al caminar por calles antiguas como Fillungo, Guinigi, San Paolino, Roma, Santa Croce y Cenami, donde ahora abundan los negocios y boutiques.
 
La ciudad tiene una larga tradición en la artesanía del papel y los textiles, los zapatos, los vinos y aceites. Después de unas pocas cuadras, el viajero desemboca entre los arcos de la Piazza del Anfiteatro: todavía se ven allí las 54 arcadas romanas sobre pilastras. En lo que hoy es una plaza –reciclada como mercado popular en 1830 por el arquitecto Lorenzo Nottolini– estaban las tribunas del Anfiteatro, con capacidad para diez mil espectadores. Hoy las casas se acomodan alrededor de la plaza como una escenografía, acá está el centro natural de los festivales, que abundan en Lucca durante los meses de verano.

En la via Cesare Battisti se alinean los palacios barrocos, como el Palazzo Tucci o el Palazzo Moriconi Pfanner. No muy lejos está el palacio renacentista de Paolo Guinigi (1376-1432), “señor” de la ciudad, que extendió el poderío de Lucca hasta las canteras de Carrara y comerció –en sedas y mármoles– con Venecia, Siena y Florencia. Paolo era un hombre refinado: su palacio rodeado de jardines es la sede del Museo Nacional de Villa Guingi, con colecciones de arte etrusco y romano.

Lucca está sobre una antigua ruta romana, la Via Francigena, por donde pasaban los peregrinos del norte europeo que iban a Roma. Se detenían aquí para ver en el Duomo la reliquia del Volto Santo, un crucifijo de madera al que le atribuían milagros. Cuando decayó el poder romano, los longobardos eligieron a Lucca capital de su reino en la época medieval. Luego pasarían los gobiernos de austríacos y franceses, hasta que el Gran Ducado de Toscana se unió al reino de Italia en 1859.

Una hermana de Napoleón, Elisa Bonaparte, que gobernó entre 1805 y 1814, abrió la Piazza Napoleone –ubicada hoy frente al Palacio Ducal– y transformó las viejas murallas en un parque público. En los alrededores de Piazza Napoleone, bajo la sombra de los plátanos, abundan los bares y restaurantes cerca del viejo Teatro Giglio, uno de los centros líricos más antiguos del país.

Una visita al Palazzo Mansi construido en el siglo XVII sobre la Via Galli Tassi –donde hoy se ven otras colecciones del Museo Nacional– permite apreciar la historia y la vida cotidiana de Lucca entre retratos de Tintoretto y Veronese. Si uno sigue por la Via del Toro y más allá de la Piazza Cittadella, una estatua de Puccini en bronce señala la casa natal del autor de “La Boheme” y “Tosca”.

Puccini venía de una familia de músicos y se inició como organista en Lucca, “la ciudad de las cien iglesias”. Además del Duomo, vale recordar algunos otros templos. Hay que hacerse tiempo para ver San Giovanni Reparata, Santa Maria Forisportam, San Frediano, San Michele in Foro. Y otro dato para tener en cuenta: todos los días del año, en la espectacular Basílica de San Giovanni, hay conciertos en homenaje a Puccini.

“La ciudad rodeada del círculo de bosques” decía el poeta Gabriele D’Annunzio, refiriéndose al paseo entre las murallas de Lucca. Estos muros tienen 4.200 metros de perímetro, con once baluartes, construidos entre los años 1544 y 1645 para defender a Lucca de los ataques de Florencia. La vista de la ciudad desde las murallas se queda en la memoria, como una canción.

Al caminar desde la puerta Vittorio Emanuele hacia el baluarte de San Paolino, pronto aparece el baluarte de Santa María que conserva el antiguo Caffé delle Mura, construido en 1840. Luego sigue la puerta de San Pietro –por donde entraban los forasteros– y las arcadas del acueducto que trae las aguas del monte Pisano. Más allá se ven las casas modernistas del 1900, joyas del Art Noveau como la villa Ducloz en la calle Civitale. Y se huele el perfume de la Toscana.



 

Fuente:
Diario Clarín
www.clarin.com

Imagen:
www.wikipedia.org


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