Frente Ribereño: Rosario. Argentina.Una caminata por la peatonal Córdoba permite “tomarle la temperatura” a la ciudad. Esta concurrida arteria condensa el colorido que emerge de la intensa actividad comercial y financiera.Ubicada en medio de una de las llanuras más fértiles del país, Rosario se presenta como una urbe dinámica, emprendedora y cosmopolita. Como una deidad con infinitas caras, ofrece un abanico de propuestas culturales, artísticas y deportivas. Su mejor aliado es la naturaleza que estalla al paso del río Paraná, al que la ciudad vigila desde su hermosa costanera. Una caminata por la peatonal Córdoba permite “tomarle la temperatura” a la ciudad. Esta concurrida arteria condensa el colorido que emerge de la intensa actividad comercial y financiera. Allí donde el general Manuel Belgrano izara por primera vez los colores patrios se encuentra, orgulloso, el principal atractivo rosarino: el Monumento Nacional a la Bandera . Fue inaugurado en 1957 y se destaca por la magnificencia de su construcción, hecha en mármol travertino proveniente de San Luis. Su superficie de 10.000 metros cuadrados se divide en tres partes (la Torre Central; el Propileo Triunfal de la Patria y Galería de Honor de las Banderas de América; y la Escalinata Cívica Monumental), a lo que se suma el mástil de treinta metros de alto donde ondea majestuosa la bandera de ocho metros de largo por cuatro de ancho .
En este predio aparecen además tres importantes reservorios histórico-culturales de la identidad rosarina: el Museo Municipal de Bellas Artes "Juan B. Castagnino ", el Museo Histórico Provincial "Dr. Julio Marc" y el Museo de la Ciudad . Rosario disfruta enormemente de su extenso frente ribereño. La costanera brinda un espléndido panorama del río Paraná , que alcanza un ancho de 50 kilómetros frente a la ciudad. Una buena cantidad de canales, lagunas e islas del Alto Delta son parte del paisaje: a ellas se accede mediante paseos en embarcaciones. El enérgico marrón del río contrasta con sus tranquilas playas naturales de arena fina , a las que los rosarinos suelen concurrir para compartir largas mateadas contemplando el atardecer, con el centro de la ciudad como fondo.
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