Hellbrunn, entre juegos palaciegos. Austria.Al sur de Salzburgo, una visita al histórico palacio de Hellbrunn. Su gran parque, el teatro mecánico y los juegos de agua.
En la Antigüedad, el uso generoso del agua era un signo de riqueza. Si a ello se le suma la utilización del vital elemento con fines lúdicos, la ostentación era aún mayor. Teniendo en cuenta estas premisas, el príncipe-arzobispo de la exquisita Salzburgo, Markus Sittikus von Hohenems encargó en 1612 la construcción de una residencia de verano a los pies del monte Hellbrunn, una zona famosa por sus manantiales. Hoy como entonces, el agua juega -literalmente- un papel fundamental en el diseño del palacio de Hellbrunn, en Austria, famoso por su suntuosa arquitectura, sus esculturas y su gran parque con zoológico incluido. Sin embargo, desde hace casi 400 años, los Juegos de Agua constituyen la atracción principal de Hellbrunn. A pocos kilómetros al sur de Salzburgo, el castillo y sus fuentes son considerados como uno de sus diez paseos imperdibles. Como los invitados de Markus Sittikus, los visitantes exploran las grutas secretas, donde son sorprendidos por las figuras movidas gracias a la fuerza del agua y de los "traidores" surtidores que se encuentran ocultos en los rincones más inesperados. Porque como nosotros, los nobles que acudían a las fiestas alternaban entre los alaridos y las risas, el sobresalto y la diversión. La construcción original de Hellbrunn corresponde al famoso arquitecto Santino Solari, mientras que Markus Sittikus inició en Salzburgo el "renacimiento" de las imágenes de los dioses de la Antigüedad, proveniente de Italia. El lector notará la ausencia de esculturas con temas cristianos. Al ingresar a Hellbrunn, seis figuras de mármol adornan un estanque dividido en tres piscinas. Le siguen el Teatro Romano y la Mesa del Príncipe: como los emperadores romanos, él disfrutaba de las comidas al aire libre. Juguemos en el parque Según se cuenta en suelo austríaco, en las tibias noches de verano el señor del palacio invitaba a la corte y a sus cazadores predilectos a compartir su mesa de mármol principesca donde el vino fluía en abundancia. Entonces, bastaba que el arzobispo le hiciera una señal a un maestro fontanero para que éste activara los chorros de agua que salían de los asientos de piedra de los invitados. En sintonía con el buen humor que reinaba en el lugar y las sorpresas -que surten efecto en los visitantes de ayer y de hoy-, la Gruta de Neptuno esconde la llamada "Lengua burlona". Simple pero genial, el sistema de funcionamiento es el siguiente: el agua fluye en un recipiente ubicado en el maxilar inferior de una gran máscara de hojalata, deja volcar el depósito hacia adelante y el rostro hace girar los ojos y saca la lengua, enorme y roja. Siguiendo el recorrido, aparecen las grutas de los Espejos y de las Ruinas, donde se juega con la ilusión óptica y los "efectos especiales del siglo XVII". Entre fuentes (como el Estanque de la Estrella), esculturas que mojan a los visitantes y pequeñas grutas con figuras móviles de madera (un molinero trabajando o Perseo matando a un monstruo marino, entre otras) accionadas por el agua, se llega a una de las mayores atracciones: el teatro mecánico. Imperdible, el teatro cuenta con más de cien figuras móviles sobre el escenario -una gran rueda de agua les transmite movimiento a numerosos hilos-, representando a una pequeña ciudad barroca. Los Juegos de Agua del palacio son tan ocurrentes como variados. Otro de los más celebrados se encuentra en la gruta de la Corona, donde baila una corona dorada sobre un chorro de agua que sube y baja. Reservada para peatones y ciclistas y de 5 km de largo, la Avenida de Hellbrunn lleva en línea recta hasta el Palacio con árboles de más de 300 años. Ya los huéspedes del arzobispo sabían apreciarlos en los días veraniegos, cuando llegaban en sus carruajes descubiertos. El paseo resulta familiar: allí se filmó una de las más famosas escenas de la película "The Sound of Music" (La novicia rebelde). Lo mismo ocurre con el Pabellón vidriado, donde bailan Liesl y Franz (la mayor de los Von Trapp y su enamorado). El Teatro de Piedra enmarcado por una cueva, y el Zoo de Hellbrunn son puntos culminantes antes de entrar al Palacio. Aires renacentistas La residencia de estilo renacentista tiene dos filas de ventanas dispuestas horizontalmente y una doble escalinata en el centro. Después de recorrer la capilla, el comedor y el Octógono (con buena acústica, se utilizaba para hacer música) se accede al impactante Salón de Fiestas. Allí, unos noventa metros cuadrados, sorprenden con sus frescos y sus enormes ventanas. Si el lector presta atención, observará que el arzobispo retoma el tema de reunificar los opuestos (como el león y la cabra montesa de su escudo, y los signos de Leo y Capricornio representados en esculturas). La frase escrita sobre una puerta del salón reza: "La voluntad divina es capaz de unir hasta lo opuesto".
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